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Una vida mejor, gracias a la clonación
Por Alejandro Melchor

"¿Estás segura de lo que me estás proponiendo?"

Realmente no esperaba escuchar estas palabras cuando, animado por un cuento de fantasmas, dejé mi reproductor MP3 grabando en un cuarto del hospital en el que estaba internado.

No mencionaré el nombre del hospital para evitarles problemas y evitarme demandas, basta decir que estaba ahí por un problema que tuve al demostrar que el humano promedio no puede resistir el impacto de un Beetle. A dos días de que me dieran de alta, yo estaba aburridísimo, y me paseaba por los pasillos platicando con pacientes y enfermeras. Así escuché el cuento de que en un cuarto se escuchaban sonidos por la noche. Sin nada mejor que hacer, aproveché que la tarjeta de memoria de mi Nomad puede aguantar unas cuantas horas de grabación a baja calidad, y lo escondí en un rincón antes de irme a dormir.

Al día siguiente, me preparé para escuchar puro silencio pero, para mi sorpresa, la acción comenzó media hora después de que oprimiera Play con las palabras con las que abro el artículo. Fue una conversación entre un hombre y una mujer; no mencionaron nombres, pero no importa; lo importante de esta conversación son las posibilidades que abre, y aquí transcribo lo más importante:

Hombre: "No tenemos la tecnología... deja tú, no tenemos ni el derecho de hacer esto".
Mujer: "Sí tenemos la tecnología, ¿no has leído los estudios? Con el equipo para la fertilización in vitro podemos clonar al niño sin problemas. Y en cuanto al derecho, ¿quiéres decirle tú a la señora Meléndez que perdimos a su bebé?"

H: "Mucho mejor que decirle, 'hola; ¿ve a su bebé? En realidad es una copia del que salió de su vientre,¡pero es tan bueno como el original!' Lo que quieren hacer va contra cualquier código ético de la medicina".
M: "No seas exagerado. Y la señora no tiene por qué enterarse de nada".

H: "Excepto que va a sufrir un nuevo embarazo para poder tener al clon. Dirás lo que quieras de la tecnología, pero todavía no se pueden clonar organismos en una incubadora; se necesita de una madre sustituta."
M: "No nos faltan de esas. Mira... no se lo digas a nadie, pero no somos los únicos que estamos listos para clonar a un ser humano; somos varios, y estamos en contacto, en caso de que necesitemos compartir recursos cuando alguien por fin se lance al ruedo".

H: "Carajo, ¿qué es esto? ¿Los Expedientes Secretos X? Me estás tratando de convencer con teorías de conspiración".
M: "Búrlate todo lo que quieras, pero no es ninguna conspiración; no somos ninguna organización secreta con una base escondida en la selva amazónica, sólo somos un grupo de científicos que cree que la ciencia debe avanzar más allá de..."

H: "¿...de la ética y la moral?"
M: "No; de los límites del miedo y la ignorancia. Ya has oído todos los argumentos a favor y en contra de la clonación humana, así que no te los voy a repetir."

H: "Bien, porque no pensaba hacerte caso de todas maneras. Lo que no entiendo es por qué me pides mi participación en esto; ya conocías mi opinión sobre el tema."
M: "Porque eres el mejor obstetra de este hospital, porque la señora Meléndez es tu paciente... y porque tú tienes todo que perder si sale a la luz que se robaron al bebé en tus narices. Te podrían acusar de complicidad."

H: "¿Me estás amenazando?"
M: "No; sólo estoy poniendo las cartas sobre la mesa."

Después de esto hubo un silencio algo largo. Sabía que los dos interlocutores seguían ahí, porque podía escuchar pasos en el cuarto (bendito sea el micrófono del Nomad). El hombre dijo algo demasiado bajo como para distinguir sus palabras, y la mujer se despidió de él, citándolo para la noche siguiente.

[continúa en la revista Sputnik]

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